La pérdida de cualquier cosa. Otras opciones eran 'El extravío' o 'La caída', pero prefiero palabras de doble sentido. La pérdida de inocencia, el extravío del pensamiento, la caída del telón. El extravío de la inocencia, la caída del pensamiento, la pérdida del telón. ¿Qué viene ahora?
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Tiempo y Arte Poética
Me voy a enamorar una vez. Algunos dirán que es poco y a otros, sin embargo, les parecerá demasiado. No es tan difícil cuando lo pienso: me voy a enamorar una vez. Solo una. Aunque me digan que no se puede confiar solo en una persona. Aunque de repente un día crea que estoy enamorado hasta las trancas de alguien que apenas conozco. Un individuo como yo. No me importa: yo solo me voy a enamorar una vez. Y cuando me enamore caminaremos en bosques de pinos que nos lleven hasta casa cogidos de la mano, hablando y riendo; mirándonos en el paseo infinito de la madrugada. Yo sabré que el deseo no será exclusivamente mío y algún día me abandonará; no me importa: me voy a enamorar una vez y todo será válido. La rueda de los días pasará por nuestro amor con el estrepitoso rubor de la adolescencia. Nuestra identidad será especular: yo solitario/ella sociable. Me voy a enamorar una sola vez. Aunque me deje por otro. Aunque se bese en mis narices con él. Aunque se vaya y, peor, vuelva. Aunque me parta por dentro en mil pedazos cada vez que recuerde la cadencia sinuosa de sus pasos dirigidos a mí y, peor, guarde silencio. Repito: me voy a enamorar una sola vez. Aunque me vaya y desaparezca en las calles de otra ciudad. Yo solo pensaré en mi amor enfermo que todo lo arrastra. Y hasta en el confín más lejano de la Tierra yo sentiré que solo me muevo y siento por ese amor. Que todo gesto no es más que la exagerada agonía de un amor que está en silencio. Estaré acompañado por otras personas y algunos animales --mi habitación está llena de arañas y hormigas-- y mi amor será secreto. Porque yo estaré exactamente en el lugar más lejano de regreso a mí, a mi amor. Porque lo decidí así: me voy a enamorar una sola vez. Enamorado, espero al silencio.
martes, 18 de noviembre de 2014
Espacio y Arte Poética
Quiero un despacho vacío. Una de esas habitaciones que tienen ventana al exterior. Que pueda ver una avenida, una calle, un pasaje o un callejón; no importa mucho, quiero un despacho vacío con ventana al exterior. Un despacho vacío con una mesa vacía y un ordenador vacío. Que tenga un bolígrafo negro y otro azul y algunas hojas de papel. Ni una foto de familia, ni una planta de plástico, ni un flexo y mucho menos teléfono. Una silla incómoda donde pueda sentarme cada mañana, una botella de cristal que rellene con agua. Nada de persianas, nada de estanterías: que los libros se acumulen en montañas de siete, catorce, veintiún o veintiocho ejemplares. Que las esquinas estén repletas de libros que me sepa de memoria por orden de autor, de año. De editorial. Que una caja de cartón con papeles amarillos haga las veces de archivo. Paredes blancas --a pesar de la humedad-- y una bombilla en el techo que ayude en los días nublados. Quiero un casero que me deje tranquilo y solo en mi casa vacía y nunca me pregunte por qué no tienes un sofá y una tele y una nevera y una mesa. Que no me pregunte qué haces aquí sin cama y sin comida, dónde vas por las noches o es aquí donde trabajas. A qué te dedicas. Quiero un despacho vacío en una casa vacía. Espero que no hagas nada raro. Donde solo estoy yo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)